Alerta con alas: los riesgos de consumir bebidas energéticas (especialmente en adolescentes)

Fuente: Diario La Tercera
Fecha publicación: 28-07-2022

Cada vez es más común ver a chicos y chicas sorbiendo largas latas de coloridos líquidos inyectados de azúcar y cafeína. Su ingesta, eso sí, puede estarles causando consecuencias más preocupantes que un exceso de energía.

Una mirada aguda y preocupada permite observar que en la calle el consumo de bebidas energéticas se ha transformado en algo mucho más común que hace algunos años, cuando solo se veían en contextos deportivos o de fiesta. Las cifras así lo avalan. En Chile específicamente, el promedio de consumo en una década (2010 a 2020) se nonuplicó, y pasó de 0,4 a 3,6 litros mensuales per cápita. Algo así como media taza de energética diaria.

Otra cifra para despejar dudas es la que entrega Euromonitor International: “Las bebidas energéticas con alto contenido de azúcar, como Monster o Red Bull, han experimentado un crecimiento constante, con un aumento del 27,8% en el consumo per cápita desde 2016″.

Siendo esto así, y tal como gotea una helada gota desde una lata hasta la mesa, no es de extrañar que la edad de consumo de estos productos también haya chorreado hasta las y los adolescentes. ¿Y cuál es el problema?, se preguntará un libertino padre. Son simplemente bebidas, ¿o no? Para responderlo, consultamos con dos nutricionistas sobre los riesgos y las precauciones respecto al consumo de este tipo de bebidas, especialmente entre los menores de 18 años.

Un monstruo peligroso
Bárbara Castillo es nutricionista pediátrica de la Clínica Universidad de los Andes. Ella asegura que “el consumo de bebidas energéticas en la población adolescente y la primera juventud se ha visto aumentado en los últimos años. Esto se debe a que se comercializan como productos que entregan estimulación física y mental”.

La realidad es que luego de casi dos años de pandemia, un cerebro juvenil difícilmente puede no sentirse seducido por la promesa de un subidón de ese tipo. En una nota anterior, Karla Donoso, psicóloga de la UTEM, nos explicaba que “las cuarentenas que los adolescentes pasaron, en muchos casos con contextos adversos y modificando sus rutinas diarias, alteraron sus ciclos académicos y de ocio, modificando también su sueño. A eso hay que sumarle la angustia, la ansiedad y el estrés, así como también el uso de aparatos electrónicos durante muchas horas del día y previas al momento de dormir”.

Si agregamos a este cóctel que el cerebro en la adolescencia está biológicamente en una especie de “hibernación” mientras se actualizan sus funciones, hace que a esa edad sean, con o sin querer, un público objetivo perfecto para este tipo de productos.

Al igual que Gatorade y otras isotónicas se convirtieron —sin quererlo, probablemente— en bebidas más consumidas por parranderos que buscan contrarrestar los síntomas de la resaca que por deportistas que quieren rehidratarse, las bebidas energéticas han encontrado en los adolescentes pandémicos un nuevo y lucrativo nicho.